El problema de Swaptinder

 





No me da vergüenza admitirlo, pero tengo una fantasía retorcida, de esas que te hacen temblar las piernas. Llevo días y noches enteras pajearme imaginando que soy una mujer, una mujer madura. Días bebiendo cerveza indio a solas en mi cuarto, calentándome con blogs de body swap


No me malinterpreten, mi vida está bien, buenas amistades, estoy en un trabajo de medio tiempo y tengo un ligue. Pero mis fantasías se volvieron insoportables. ¡No podía ni correrme en la cama sin imaginarme siendo una madurita en sujetador de encaje! Anhelaba con todas mis ganas pasarme el resto de mis calientes días en tacones de aguja y con las piernas depiladas.


Un día especialmente caliente, encontré lo que parecía la solución. La aplicación Swap Tinder para intercambiar vidas, con algoritmos para encontrar a algúna desgraciada que quisiera ocupar mi pellejo. La instale, sabía que el cambio de cuerpos era una tonteria, pero a estas alturas, la aplicación era un nido de pervertidos que soñaban con cambiar con super modelos.


Creé mi perfil, puse mi preferencia en +35, Swaptinder no tenía fotos, solo emparejaba almas gemelas sin enseñar las caras. Pero cuando activé mi perfil, se acabó la diversión. Me escribieron algunas mujeres, pero todas pasaban de los sesenta. ¡Ni de broma!

La aplicación se me quedó muerta semanas, hasta que un día apareció un match. Golosa69 me escribió:"Hola 'Maquina de fuego', es la primera vez que uso esto, me tiembla la vagina de los nervios. No puedo creer que haya hecho match. ¡Pensé que a nadie le calentaría una madurita como yo! x" Era perfecta. Hablaba maravillas de su armario, sobre todo de su colección de zapatos de tacon. Tenía 43 años, justo en mi debilidad, y se la veía que era una señora muy buena.

“¡Hola Golosa69! ¡Qué alegría encontrar por fin a una persona de mi gusto! Seguro que estás buenísima, me encantaría perderme entre tus zapatos y olerte las medias usadas.”.

“¡Ay, qué atrevido! Pero en serio, ¿tú de verdad quieres cambiarte el cuerpo con una señora mayor?”, preguntó.

“ ¿Y tú quieres ser joven?”, respondí.

“Quizás... pero no corramos. Primero conozcámonos. Como imaginarás, soy algo escéptica... ¡pero estoy muy mojada con la idea! x”

Ese fue el principio de un mes entero de chats diarios calientes. Nuestras conversaciones secretas, llenas de fantasías sucias, no me dejaban dormir. Llegamos a sabernos cada oscurosecreto: rutinas diarias, sueños húmedos, mayores perversiones... nuestra vida sexual con pelos y señales, nuestras manías y pelis porno favoritas, ¡todo sin saber ni el nombre ni la cara del otro!

“No puedo más, necesito ser tú, hacerme con tus curvas y tus bragas. Llevamos dos meses, ¿crees que ya estás lista para montarte la vida de un chico en sus veites?”, le solté al fin, con el corazón latiendome fuerte


No podía parar. Cada noche, después de que todos en mi casa se durmieran, me encerraba en el baño con el móvil y le soltaba preguntas cada vez más sucias a Golosa69. Al principio se hacía la recatada tímida, la señora decente. Pero yo insistía, le decía que si de verdad quería intercambiar, tenía que saberlo todo,  absolutamente todo  sobre su vida sexual.

—Vamos, cuéntame —le escribí una madrugada, ya con el pantalón bajado—. ¿Cómo es tu marido en la cama? ¿Se la mete bien? ¿Prefiere que te pongas en cuatro o boca arriba? ¿Te deja gemir o te tapa la boca para que no se enteren los críos?

Ella tardó un rato en responder. Me imaginé a aquella milf de 43 años mordiéndose el labio delante de la pantalla, con el coño ya húmedo de vergüenza y morbo a partes iguales.

 “Es... es difícil de explicar. Llevamos veinte años juntos. Ya no hay mucha pasión. A veces tengo que chuparsela antes. Y solo quiere hacerlo con las luces apagadas, siempre la misma postura: yo boca abajo, él encima. Nunca me ha hecho un oral. Ni siquiera sabe que me masturbo. 

Me corrí solo con leerlo. Pobre MILF, no sabía lo que se perdía. Pero a mí me daba igual su marido; yo quería ser ella, quería sentir su coño mojado y sus tetas colgando.

“¿Y tú qué le dejas hacer? ¿Te ha metido los dedos? ¿Te ha atado? ¿Le has pedido alguna vez que te folle por el culo?”Le seguí preguntando, sin piedad.

“¡Dios! No puedo creer que te esté contando esto... No, nada de eso. Es muy... clásico. Ni siquiera me deja venirme, cuando termina él se da la vuelta y a dormir.”

—Pobre zorra —susurré a solas—.el tipo Necesita a alguien como yo.

Empezamos a mandarnos fotos. Primero tímidas: ella en sujetador, yo con el torso desnudo. Luego ella con unas medias y sin bragas, yo con la polla en la mano. Las reglas eran claras: nunca la cara. Pero cada vez lo que enseñaba era más explícito.



 Sus tetas, la forma de su coño depilado, sus dedos mojados.




Una noche me llegó un video. La vi siendo cabalgando por su marido, gimiendo bajito mientras se mordía un labio.



 Al terminar, sonrió a cámara (sin que se le viera la cara, pero se notaba la lujuria)

“Este es el bueno, mira... Luego me envió una foto de toda su colección: cuatro dildos de distintos tamaños,  y un plug anal.




 “Mira, son para ti” , escribió.

Casi me da algo. Me sequé el sudor de la frente y le contesté:

—Preciosa, si yo fuera tú, sería  mucho  mejor hembra en la cama que tú. Enseñaría a tu marido a comerte el coño como Dios manda. Haría que me cogiera hasta dejarme temblando, pero también le pondría límites. Sería la milf que se corre gritando, la que se sienta encima de su verga y no para hasta exprimirlo. Tú solo eres una aburrida que no sabe lo que tiene.

Ella no se enfadó. Al revés, se excitó. Y yo seguí presionando.

Una tarde, mientras mi ligue estaba en el gimnasio, le escribí que llevaba días caliente:

—Esta noche quiero que le pidas a tu marido que se corra dentro de ti. Pero no te limpies. Quiero que te pongas unas braguitas de encaje, las que te compraste la semana pasada, las rojas, y que te pongas las medias negras. Y que te vayas a trabajar mañana así. Con su leche escurriéndote por los muslos. ¿Lo harás por mí?

Me envió una foto de ella sin bragas y me puso


 “Me encantaría, pero no sé si puedo permitir que alguien simplemente entre en mi vida. Tengo un marido, hijos y una reputación que mantener.” 

Me reí a solas. Como si esa reputación le importara una mierda de verdad, con las fotos que ya me había mandado.

—Un marido del que sé casi todo, hijo que  y una reputación que ni siquiera deseas. ¿No preferirías pasar este fin de semana relajándote, despertándote con una mamada de tu novia y sin tener que preocuparte más por las presiones de ser mujer? —respondí, con la polla tan dura que me dolía.

Hubo un silencio largo. Luego, tres puntos parpadeando.

 “De acuerdo. Tienes razón, pero solo este fin de semana, ¿verdad?” 

—Sí, cariño. Solo el fin de semana —mentí, sabiendo que nunca la iba a dejar volver a su cuerpo. 

Le dije que organizara una escapada con su marido fuera de la ciudad. Que se emborracharon los dos, que lo pusiera cachondo, que hiciera todo lo que él quisiera pero sin dejar que se corriera dentro otra vez. Quería que mi primera noche como ella fuese con el sabor de su propio marido en la boca. Lo sé, es gay y retorcido, pero llevaba meses imaginandomelo.

La verdad: creo que conozco a su esposo mejor que ella. Sé que le gusta que le chupen las bolas, que se pone nervioso si la mujer no gime, que se viene rápido si golosa 69 aprieta de más el perineo. Sé cómo follármelo para que me suplique. Sería mejor mujer que ella. Mejor esposa. Mejor madre. Podría llevar tacones todo el día, cocinar con delantal y sin sujetador, follarme a su marido hasta dejarlo seco.


Me imaginaba siendo ella. Las imágenes que me mando chupandole el pitó. Me visualizaba sie do yo esa mujer




Esa lubricación natural escurriendo por mis muslos depilados. Esas tetas que ya son de MILF, blandas y enormes, perfectas para que las muerdan. Esa madurez de cuarenta y tantos que ninguna jovencita chica de mi edad puede competir.

 “Por supuesto. Pero apuesto a que serás tú quien quiera quedarse cuando te des cuenta de que puedes vivir sin sujetador ;)”  Le envié la solicitud de intercambio de cuerpos.

La pantalla parpadeó. Un sonido suave, casi electrónico. La solicitud se iluminó de verde:   ELLA HA ACEPTADO  .

Solo tenía que confirmar.
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Contuve la respiración. Cerré los ojos. Mi pulgar temblaba sobre la pantalla, sobre ese maldito botón verde que decía CONFIRMAR. Lo presioné.

Abrí los ojos.

Era más blando. Más pesado. Mis brazos parecían de otra persona, mis piernas temblaban como si nunca hubieran sostenido nada.los tacones. Mis pies, sus pies, estaban metidos en unos tacones de aguja. Podía sentir la correa apretándome el empeine

—Estoy pedo —escuché decir. Y esa voz no era la mía. Era ronca a pesar del ruido del bar. La sentí vibrar en mi garganta, en mi pecho 




Me levanté. O lo intenté. Mis rodillas chocaron contra algo, la mesa quizá, y el mundo giró. 

Lo sentí un escurrimiento caliente. Pegajoso. Bajando por la parte interior de mi muslo. No hacía falta mirar. Sabía lo que era. El creampie. Su esposo se lo había hecho antes del intercambio. El muy cabrón se había corrido dentro de su mujer… y esa mujer ahora era yo.

—Pinche puta —susurré con sus labios, mientras me lamía los míos saboreando la sensación qué me supo a victoria—. ¡Sí me hizo caso!. Dije con la piel chinita imaginadome la escena previa.




Di un paso. Uno solo. El tobillo se me dobló con y el suelo se vino encima. Iba a estamparme de lleno contra las baldosas mugrientas cuando…

Dos brazos. Grandes. Firmes. Me atraparon por la cintura antes de que me hiciera polvo.

Ay, perdona —balbuceé, y mi voz de milf borracha sonó ridículamente coqueta. O tal vez era el alcohol, o tal vez era yo—. Soy una tonta… mmm… 

El hombre me soltó un poco, solo lo justo para que pudiera enderezarme, pero sin apartar del todo las manos de mis caderas. 

—Hay que tener cuidado amor —dijo, y su voz… su voz…

Alce la cara “No. No no no no”.

Y entonces algo hizo clic dentro de mi cabeza.

No fue un pensamiento. Mis papás. Se iban a ir de viaje todo el fin de semana. Todo el maldito fin de semana. Golosa69 me había dicho que le puso una excusa a su hijo. Que le dijo que se iba con tus abuelos . Que no se preocupara.

—¿Estás bien, mi amor? 

Y eso significaba…Yo estaba en el cuerpo de mamá.














Hola, gente del blog este mes de mayo saldrán más historias, comenten!

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